En Clave de Fa

Una melodía jamás se forma con una sola voz

Pagando la e-factura: Quod severis metes.

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Las personas que conozco que se “niegan” a tratar con las redes sociales, dicen de diferentes formas que las ven “irreales” “de mentira” “no naturales”. Se les escapa el pequeño detalle de que la sociedad que vivimos tiene esa misma caracterísitica, sólo que al nacer con ella, la ven “natural”, “de verdad” y “real” Hablando con @franesco surgió esta entrada.

Me recordó una lectura llamada La sociedad imaginada libro del catedrático de sociología Benjamín Tijerina en el que afirma que desde la llegada de la democracia en 1978, nuestra sociedad ha ido funcionando a compás de «agentes activos del cambio social». Desde la unidad mínima asociativa a los gobiernos pasando por sindicatos, cámaras de comercio, economía social y otros lobbies socioeconómicos y culturales, medios de comunicación que actúan por el bien común, a la que añadir la omnipresente tradición y religiones. Se obvia por ser el objeto-pasivo de estos sujeto-agentes: la ciudadanía-pueblo.

Los agentes activos son figuras imaginadas tanto en que convenidas y heredadas y siguen procesos todavía dependientes de lo que en el antiguo mediterráneo se soñó como sistema de convivencia: la democracia. Este gobierno del pueblo está dotado en sus diferentes formas con el poder de coacción para llevar a cabo el derecho que le otorga su naturaleza, influir hacia la colectividad con el sentido de justicia de la idiología de la etiqueta en acrónimos que toque cada cuatro años, haciéndola “real”

El agente “beneficiario” de ese altruismo romántico era la ciudadanía. En este punto, es necesario tener en mente que este término convergió con el término pueblo durante el s. XIX como consecuencia de la secularización y distanciamiento del dogma religioso. De esta manera, el pueblo-vulgo desconocerdor de derechos y deberes, se confundió con quienes poseían la calidad de personas ciudadanas, ejecutoras potenciales de derechos y obligaciones. Los feudos, la aristocracia y la burguesía correspondientes en mayoría en ciudadanía se traslada al margen más cómodo y seguro que les ofrece ser “agentes activos”, en especial, porque así matiene su propio estado de bienestar que depende de una ciudadanía pasiva, que como activa, se convertiría en una verdadera “prima de riesgo” A ver si lo pillamos.

La cantidad de estudios e investigaciones desde el canon de pensamiento universitario, con el aval ciéntifico empírico que sustituye en teoría al dogma religioso desde el s.XVIII, ponen el énfasis en que todo problema de insastifacción social se basa en una educación que carece, precisamente, de una perspectiva social activa:

Estudios sobre sobre salud y bienestar, derecho y política, sobre economía y relaciones laborales, las TIC, diversidad cultural, evaluación de políticas públicas, género, medioambiente y valores educativos. El sistema educativo público enseña lo que la ciudadanía debe saber, pero no se enseña ni para qué ni cómo ha de actuar. A quienes conviene esta confusión para su propio beneficio y, por otro lado, a quienes intuyen que la asimilación del pueblo-ciudadanía se normalizaría mediante la educación pública, se encuentran con una nueva función social mayúscula: la red social.

En otras palabras, se ha enseñado un modelo pero se ha facilitado a medias la copia del mismo, por lo que se recibe desde la red social el feedback que exige a los “agentes activos” sin saberse diáspora del pueblo/ciudadanía hacia activos igualmente y por tanto responsables. No se puede pedir más democracia sin haber sido activos en ella. Como ejemplo, el 54% de abstención en las Europeas del 2009. Se recoge lo que se siembra: quod severis metes.

La educación ha cumplido en parte su función normalizadora (lo seguirá haciendo mientras sea pública, gratuita y eficiente) pero de una manera demasiado lenta. La confusión pueblo-ciudadanía pedirá que lo imaginado cumpla con su deber olvidando su responsabilidad para con esta. El obviado objeto de deseo, el pueblo/ciudadanía, está adquiriendo con las redes sociales la categoría también de “agente activo”, cerrando el círculo realmente democrático y donde la manipulación queda escondida en la sobreinformación a la que no se le ha preparado.

En esa brecha temporal, la tradición se tiene que enfrentar ahora a una factura que no vendrá en forma de papel, mediante los canales tradicionales o cada cuatro años sino de forma inmediata, exigente y movilizadora. Como crisol del pueblo romántico y la ciudadanía, como el caso de movimientos como el 15M, (des)conocedor de derechos y deberes, tendrán que lidiar con el resultado de un sistema educativo necesitado desde hace mucho de un salto cualitativo.

“Agentes activos”, todos, ha llegado el momento de empezar a pagar la e-factura.

Written by Sergio Marín Conejo

4 septiembre 2011 a 3:24 pm

Una respuesta

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  1. Muy bueno. Pensé yo que lo de la fractura era un bolo. Pero no. La gente que sigue con prejuicios hacia las redes sociales no quieren tener contacto con otros ciudadanos. No les va el comunicarse y compartir. Creemos en nuestra esperanzada mirada que todo el mundo va a querer algo tan rico, pues no. Pero es verdad que el mundo de paripé 1.0 es cada vez más obvio y rancio, desde que los ciudadanos podemos hablarnos en plata, román paladino, en las redes. Saludos.

    Fernando García

    6 octubre 2011 at 9:16 pm


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